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¿Por qué mi hijo tiene tantas rabietas? La respuesta que nadie te explica

  • albimegias22
  • 21 mar
  • 5 Min. de lectura


Resumen inicial: lo que aprenderás

Las rabietas forman parte del desarrollo normal de los niños. No son caprichos ni mal comportamiento: son la forma en que expresan emociones que aún no saben gestionar.

En este artículo descubrirás:

●       Por qué ocurren las rabietas y qué mensajes esconden.

●       Cómo acompañar a tu hijo desde la calma y la comprensión.

●       Estrategias prácticas y experiencias reales que puedes aplicar hoy mismo.


  1. Entender las rabietas: no son un capricho

No todo niño que explota está “malcriado”. La rabieta es una expresión de malestar intenso: frustración, miedo, cansancio o necesidad de atención.


Una niña que acompañé tiraba la leche al llegar del colegio cada vez que se frustraba. Observar sus emociones antes del estallido (cansancio, necesidad de estar con mamá, calma después de tantos estímulos, sueño...), satisfacer esas necesidades y ofrecer opciones de calma redujo la intensidad de sus rabietas.


Hay infinidad de formas de educar, tantas como niños tenemos, pero todas deberían tener unas bases de respeto y conocimiento sólidas. Como en todo en la vida, desde ahí ya haz lo que quieras.

Sabiendo que es imprescindible para tu cuerpo tomar fruta, decide si la tomas en la merienda o si eliges pera o mandarina. Sabiendo que tu cuerpo necesita movimiento elige pilates, vete a correr una maratón o baila sevillanas.

Y desde el conocimiento de tu hijo, de su desarrollo, crecimiento, maduración.. podrás tomar decisiones más respetuosas y sanas, y desde luego más sencillas para todos.

Si pretendes enseñar a andar a un niño de 4 meses, vais a frustraros horrores, y no lo vas a conseguir. Sabiendo que su desarrollo no se corresponde aún con, nunca mejor dicho, dar ese paso, podrás ofrecerle actividades más coherentes y estaréis todos más tranquilos.

No pretendas que un niño de 4 años no tenga ninguna rabieta. Es sencillamente imposible. Sería como querer, aunque obviamente lo queramos, que nunca vomite o moquee.


Por qué se producen

●       Edad típica: 2 a 6 años, aunque puede variar. Ya sabemos que nuestros niños son preciosas florecillas, no me gusta hablar de edades porque cada una florece a su tiempo. Habrá un punto álido que luego irá disminuyendo y espaciándose. Variará la frecuencia, duración y motivos, tranquila. Pero sobre todo, si quieres aprender y mejorar, cambirás tú. TU forma de gestionarlo y ayudarlo. Aún cuando no lo entiendas, mantente abierto a comprender, explorar y conectar. Es la única forma de reconducir la situación.

●       Factores internos: temperamento, personalidad, desarrollo del sistema nervioso. No solo inciden en que se produzcan, sino en la intensidad y frecuencia.

●       Factores externos: cansancio, hambre, cambios de rutina, exceso de estímulos.

●       Emociones difíciles de regular: miedo, frustración, sensación de injusticia. Cuando estamos desreguladas e inundadas por estas sensaciones, todas estallamos de una u otra forma.


  1. La mirada del adulto cambia todo


Tu reacción frente a la rabieta puede intensificar o reducir la situación. Frases como “¡date prisa!” o “¡no llores!” aumentan la tensión y el malestar.

Validar emociones enseña a tu hijo a gestionar sus sentimientos.


Entiendo que quieras para esa rabieta por no verle sufrir, porque quizá puede romper algo, hacerse o hacer daño... y porque a ratos no puedes más para estar escuchando gritos y recibiendo golpes. Pero déjalo expresarse, necesita sacar todo lo que lleva dentro. Es como si come algo en mal estado y no le permites vomitar. Y, al igual que en este caso, aunque pensemos egoístamente que sí, la rabieta tampoco puede evitarla.

Como mínimo, muéstrate comprensiva con lo que está ocurriendo, no le ignores ni ridiculices, más tarde veremos qué SÍ puedes hacer para gestionarlo mejor.


Comprender antes de corregir

●       Observa la raíz del malestar. El grito, el juguete o el color de la camiseta son solo el síntoma de su insatisfacción.

●       Pregúntate qué necesita tu hijo: descanso, alimento, atención, juego. En muchos casos es una necesidad básica que, de satisfacerse, puede evitar que se den incluso, y que de hecho tenemos que satisfacer.

●       Acompaña con límites claros y calmados sin perder la conexión emocional. No hay que dejar de educar ni perder autoridad, aunque sea normal lo que les está pasando tienen que aprender a expresarlo y sentirlo de una forma más adecuada y adaptativa para todas. Pero la mejor forma de aprender es desde el amor, aunque tanto hayamos mamado y sigamos haciendo lo contrario. Sobre todo si es tu hijo, vuestro vínculo siempre, siempre, va a estar por delante de un mal comportamiento y más cuando es algo tan "absurdo" como suele pasar en las rabietas.


  1. Las rabietas son oportunidades

Aunque frustrante, cada rabieta es una oportunidad de aprendizaje para el niño y para la madre.

●       El niño aprende a reconocer y gestionar emociones.

●       La madre aprende a regular su propia reacción y a acompañar sin agobiar.


Ponte por un momento en su lugar. Tiene que ser difícil no comprender muchas cosas que te ordenan y no tienen mucho sentido. O necesitar una presencia y no tenerla. O tener que hacer cosas o ir a sitios a los que no irías, tener que correr y sentir sensaciones que no entiendes, ni nombras, ni explicas, ni elaboras. Siempre que rabian hay un motivo, siempre, lo que pasa es que nos quedamos en el síntoma y no lo buscamos. Solo tenemos que acompañarle desde el respeto más absoluto y ayudarle a salir de ahí.

 

 Muchas veces no sabremos cuál es ese motivo, nos frustraremos y se frustrarán. Confía en tu sabiduría innata, en tu intuición, y aprende a escucharla. Y sea como sea, valida ese malestar, compréndelo y abrázalo. Siéntate con esa incomodidad y acepta que no sabes. Ese trabajo es tuyo, con tu ego, no es de tu hijo, el bastante tiene con lo suyo.

 


Qué NO hacer

●       No intentes eliminar todas las rabietas. Algunas son necesarias. Tenemos que equivocarnos en las tablas de multiplicar para aprender a dividir, hablarle mal a nuestra amiga para que nos mande a paseo y reflexionemos sobre cómo se debe hablar a las demás y crearnos alguna contractura en el cuello para pillar el punto al freno.

●       No ignores ni castigues sistemáticamente. No solo es injusto, sino que cuando de verdad haga falta un castigo (aunque personalmente ese sería otro debate, pero bueno), o cuando tengamos que decir NO, no surtirá ningún efecto porque "nos va a tomar por el pito de sereno"

●       No compares con otros niños: cada uno es único y se desarrolla a su ritmo. Que daño nos hacen las comparaciones siempre Dios mío. Cada niño es completo, único y perfecto tal y como es en cada momento. Tenemos que verles tal como son y promover la unidad, no la separación a la que nos lleva estar siempre comparando y comparándonos.


  1. Claves prácticas para acompañar rabietas


Aquí ya empieza la chicha buena, a ver qué hacemos... Aunque en realidad es un resumen breve para que tengas a mano de lo que hemos ido hablando en este y otros artículos.

  1. Mantén tu calma: tu regulación emocional es la más potente. Sé que es lo más difícil pero el mando, "la profe de autoescuela" eres tú.

  2. Observa la necesidad detrás del estallido: hambre, sueño, sobrecarga, necesidad de atención.

  3. Valida lo que siente tu hijo: “Veo que estás muy enfadado, es normal sentirse así.”

  4. No evites todas las rabietas: vivirlas y aprender a gestionarlas es parte de su desarrollo.

  5. Aprender juntos: reflexiona sobre tus emociones y reacciones; tu autoconocimiento mejora la experiencia de ambos.


  1. Reflexión final para madres

Cada rabieta es un momento de aprendizaje. Disfruta del presente con tu hijo, incluso en la dificultad. Transformar la frustración en comprensión fortalece el vínculo y enseña al niño a gestionar emociones con seguridad.

Tener un hijo es el curso más completo de desarrollo personal que harás nunca, te lo aseguro. Estas rabietas tienen una energía muy potente que remueve y sacude, aprovéchala. Transforma toda esa energía en comprensión y amor.


Si quieres acompañar a tu hijo con más calma y recibir apoyo práctico, únete a mi comunidad de WhatsApp. Juntas compartimos experiencias y estrategias para criar desde la comprensión y la conexión.


GRACIAS, te abrazo fuerte.

 
 
 

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