top of page
Buscar

Por qué mi hijo llora por todo: cómo entender el llanto infantil y acompañarlo sin reprimirlo

  • albimegias22
  • 11 abr
  • 7 Min. de lectura

Si sientes que tu hijo llora por todo y no sabes cómo acompañarlo, esto es para ti

Tu hijo llora… y algo se activa dentro de ti. Es NORMAL, estamos naturalmente preparadas para que así sea.

No es solo el sonido. Es lo que remueve. Sientes incomodidad, tensión, incluso urgencia. Una necesidad muy fuerte de que pare cuanto antes.

Intentas calmarle, distraerle, hacer que “se le pase”. A veces funciona, otras no. Y cuando no funciona, aparece el enfado, la frustración o la sensación de que no sabes qué hacer.

Después, cuando todo termina, muchas veces queda una sensación difícil de explicar. Como si algo no hubiera sido del todo correcto, aunque no sepas exactamente qué.


¿Por qué mi hijo llora por todo?

Muchos padres sienten que su hijo llora por todo, pero en realidad no es que llore “demasiado”.

Lo que ocurre es que está expresando emociones que aún no sabe gestionar de otra manera. Con suerte los adultos tenemos otros recursos para gestionar nuestras incomodidades y emociones, y no siempre. Pero ellos, en especial cuando son pequeños que no saben ni siquiera hablar completamente, no pueden ni siquiera hacer ciertos movimientos o limpiarse solos… pues obviamente viven frustrados y el llanto es la solución más sencilla que encuentran. Y por propia supervivencia, porque aún sienten que su vida se les va en ello, no tienen raciocinio, es una expresión intensa y “excesiva”

El llanto infantil es una respuesta natural del sistema emocional del niño. No es un problema que haya que corregir, sino una forma de comunicación que necesita ser comprendida.

Cuando cambias esta mirada, cambia completamente la forma en la que acompañas.


El llanto no es un problema: es una necesidad

El llanto cumple una función muy importante. Permite descargar tensión, liberar emociones y comunicar lo que el niño no puede expresar con palabras. Lo necesita como necesita hacer pipí o sudar para poder limpiarse.

Además, estamos fisiológicamente diseñados para responder a él. Nos activa, nos moviliza, hace que queramos atenderlo.

Por eso resulta tan difícil ignorarlo, y de hecho no es tampoco la solución.

El problema no es que tu hijo llore. El problema es que muchas veces intentamos que deje de hacerlo sin entender qué necesita realmente. Una vez más vamos al síntoma y no a la raiz del problema.


Por qué el llanto de tu hijo te afecta tanto

Cuando tu hijo llora, no solo está mostrando su malestar. También puede estar despertando el tuyo.

Es muy habitual que aparezcan emociones intensas: incomodidad, impotencia, nerviosismo o incluso enfado. Esto ocurre porque el llanto conecta con nuestra propia historia emocional.

Si en tu infancia no pudiste llorar libremente, si aprendiste que llorar estaba mal o que molestaba, es lógico que ahora te cueste sostener ese momento.

No es falta de herramientas. Es algo más profundo.

Y entender esto es clave para poder cambiarlo.


El error más común: intentar que deje de llorar

Cuando el objetivo es que deje de llorar, dejamos de escuchar lo que ese llanto está expresando.

Intentamos distraer, minimizar o cortar la emoción lo antes posible. Lo hacemos con buena intención, pero sin darnos cuenta de que así interrumpimos un proceso que necesita completarse.

El llanto no necesita ser apagado. Necesita ser acompañado.

Porque cuando se reprime, no desaparece. Se queda dentro sin resolverse. Y ya te puedes imaginar que ni a la corta ni a la larga eso es demasiado positivo.


Qué necesita realmente tu hijo cuando llora

El cambio real empieza cuando dejas de intentar eliminar el llanto y empiezas a sostenerlo de otra manera.


Presencia emocional: estar sin prisa por que termine

Tu hijo no necesita que soluciones rápido lo que le pasa. Necesita sentir que no está solo. En muchas ocasiones ni siquiera tiene solución o has decidido poner un límite que no debes saltarte solamente para que deje de llorar.

Estar presente de verdad implica acercarte, mirarle, acompañar sin intentar huir del momento. A todas nos gusta llorar acompañadas, y la mayoría de veces no queremos un consejo, una solución o escuchar un discurso, solo queremos expresarnos y sacar lo que nos duele, tal vez un abrazo, que nos traigan algo calentito o nos acompañen a dar un paseo.

Aunque resulte incómodo, ese es el espacio donde la emoción puede empezar a regularse.


Validación: ayudarle a entender lo que siente

Poner palabras a lo que le ocurre le ayuda a organizar su mundo interno.

Cuando dices “sé que estás enfadado” o “esto te ha dolido”, le estás transmitiendo algo fundamental: lo que siente tiene sentido.

La validación no aumenta el llanto. Lo regula.

Tiene sentido usar el juego y la imaginación, para ellos funciona muy bien en cualquier cosa que hagamos. Podemos usar la metáfora de: sé que tienes un nudo en la barriguita, o en el pecho y vamos poco a poco a ir desatándolo, llora, respira despacito, cuéntame con tus palabras bajito qué sientes… Y que vaya viendo que poco a poco efectivamente esa sensación se va calmando. Y si vuelve a llorar, pues es porque hay más nudo todavía, seguimos sacando.

Con esto aprende a buscar en su cuerpo donde se expresan las emociones, de qué forma, y cuál es mejor para sacarla, qué formas tiene de hacerlo, que la respiración es clave, que mantener un tono cercano y bajo ayuda al SN a estar tranquilito… Y, quizá igual de importante, lo que hoy nos ocupa: aprende que llorar no es nada negativo, que todas nos sentimos tristes, enfadadas, cansadas… y tenemos una herramienta maravillosa para aliviarlo.


Tiempo: las emociones necesitan su ritmo

El llanto no es algo que pueda cortarse de inmediato.

Las emociones necesitan tiempo para ser atravesadas. Cuando intentas acelerarlo, lo que haces es interrumpir ese proceso. Yo sé que no queremos sufrir ni verlos a ellos pasarlo mal, y que cuando sentimos cualquier dolor o incomodidad hacemos todo lo posible por huir y que acabe cuanto antes. Es uno de los principales problemas del siglo XXI. Pero el dolor hay que atravesarlo, sentirlo, abrirnos en canal y poder sanar desde la raíz. Y esto requiere tiempo.

Y lo que no se procesa, se repite.


Límites claros: acompañar no es ceder

Tu hijo puede llorar porque no está de acuerdo con un límite, y eso es completamente válido.

Tiene derecho a frustrarse, a enfadarse y a expresarlo. No le quites ese derecho. Todas podemos rebelarnos y desde luego sentir o interpretar las cosas como el cuerpo nos pida.

Pero eso no significa que el límite tenga que desaparecer.

Se puede sostener desde la calma, sin gritos, sin castigo y sin desconexión emocional.

He decidido que no compramos el chocolate, o que es hora de irnos del parque, o que tienes que llevar puesto el cinturón en el coche. Entiendo que quizá querías ese chocolate, jugar más e ir menos aprisionado. Y entiendo que eso te haga sentir mal y llorar. Es normal, válido y respetable. Pero no vamos a comprar el chocolate por ello, ni a quedarnos a vivir en el parque, ni muchísimo menos a poner en riesgo tu vida en el coche. El límite es claro y lo sostenemos aunque proteste o se exprese de la forma que necesite.


Autoconciencia: lo que te pasa a ti también importa

Cuando tu hijo llora, es importante que observes qué ocurre dentro de ti. Qué emociones aparecen, qué pensamientos se activan, qué te impulsa a reaccionar.

Este paso es clave porque te permite salir del automático. Cuando tú te regulas, tu hijo también puede empezar a hacerlo. Tenemos automatismos muy necesarios que nos hacen ahorrar muchísima energía cuando no tenemos que pensar en cada momento en soltar el aire, fabricar orina, qué dedo usar para tocar la A en el teclado, todo el proceso para meter primera en el coche o que la L con la A se leen LA. No podríamos vivir si tuviésemos que procesarlo absolutamente todo.

Y también automatizamos la reacciń a determinadas emociones y situaciones. A veces actuamos bien y el resultado es bueno, en ese caso, chapó, a seguir repitiendo (lo que no quiere decir que siempre vaya a serlo tampoco) Pero cuando vemos que no, y a toro pasado vemos esos errores y nos sentimos mal, merece la pena cuestionar esa reacción, tomar consciencia de por qué hemos hecho o dicho eso, de por qué nos ennervas tanto eso, si realmente es así de extremo o no… y buscar formas más adaptativas, cómodas y respetuosas para todos.


Recuperar tu relación con el llanto

Si te cuesta sostener el llanto de tu hijo, no es casualidad. Muchas veces tiene que ver con cómo aprendiste tú a relacionarte con tus propias emociones. Las veces que te dijeron que pararas de llorar o… (cualquier tipo de consecuencia más o menos adecuada), que llorar era de débiles, o de bebés, o que los hombres no lloran… Hay demasiadas frases que han hecho durante años muchísimo daño en nuestro inconsciente y tenemos que aprender a derribarlas y sanar.

Permitirte sentir, dejar de juzgar lo que te pasa y darte espacio es parte del proceso. Cuando haces este trabajo, algo cambia. Cambia primero para ti, porque vas a poder usar una herramienta de las más completas y útiles cuando sientas que no puedes más. Pero es que acompañar a tu hijo deja de sentirse tan difícil.


Una reflexión importante

No puedes evitar que tu hijo sufra. El dolor forma parte de la vida. Lo entiendo perfectamente, no queremos que sufran las personas que queremos, y menos si son tan pequeñas e indefensas y un trocito de ti. Pero no puedes, ni debes evitarlo.

Lo que sí puedes decidir es cómo va a vivir ese dolor: si lo hará solo o acompañado, si se sentirá incomprendido o sostenido. Si vas a ser modelo para él cuando pases por alguna dificultad y darle las herramientas necesarias para que pueda usarlas. Y sobre todo tu presencia, la mayoría de veces no necesitamos nada mas.

Esa diferencia deja huella.


Para terminar

Si te preguntas por qué tu hijo llora por todo, la respuesta no está en corregir su comportamiento.

Está en comprender lo que hay detrás y aprender a acompañarlo de una forma diferente.

El llanto no es un problema que haya que eliminar. Es una oportunidad para conectar, comprender y educar emocionalmente.


Si quieres dar un paso más

Si sientes que este tema te desborda y quieres aprender a acompañar a tu hijo sin bloquear sus emociones ni las tuyas, puedes unirte a mi comunidad de WhatsApp.

Un espacio donde comparto herramientas prácticas, situaciones reales y acompañamiento cercano para madres que quieren hacerlo diferente.



 
 
 

Comentarios


bottom of page